De vez en cuando no está mal ser realistas y hasta puede dar grandes beneficios.

Por ejemplo… En reuniones como éstas, que hemos repetido y disfrutado desde hace muchos años, nos ha tocado referirnos a varios temas…
Hemos hablado de cuestiones gremiales, de qué hacer en momentos de crisis, de la amistad que hemos ido desarrollando, de lo bien que nos sentimos cuando cruzamos el río y nos encontramos con los y las colegas… y de que el año próximo el encuentro será aún mejor.

Pero nunca hemos hablado… o mejor dicho nunca nos hemos preguntado (o al menos yo no lo recuerdo) ¿cuál será nuestra última reunión? ¿Será esta? ¿Será la del año que viene?

Porque nada es eterno, la realidad cambia, el twiteo reemplaza las charlas entre amigos, las personas se comunican más pero aprovechan para decirse menos, Facebook es la mesa de un café donde todos se encuentran pero sin que ninguno esté, los hijos y las hijas reemplazan a sus padres, las Fábricas de Pastas no son las mismas, ni ser pasteros significa lo mismo ahora que hace 10 o 20 años.

No sé si queda claro qué estoy tratando de decir…

Tengo un amigo que suele decir que cada vez que sucede algo, está dejando de suceder. Y que la única forma que tendríamos de poder disfrutar las cosas sería tener en cuenta en todo momento, que “eso” que está pasando, está pasando por última vez.
Porque de esa forma, se valoran las situaciones. Y se valora además a quien o quienes son el factor humano imprescindible en “eso” que sucede y que podría no suceder más.

Pensemos entonces en esto… que aunque es incómodo es necesario…

Es bueno estar acá; es bueno vernos; es bueno compartir, aprender de los demás, saber que estamos juntos… pero eso no viene en el paquete. No nos lo dieron con la llave del negocio. No se compra como un accesorio más.
Es obra de algunos que tienen la rara capacidad de poder hacerlo.
Se lo debemos a gente con nombre y apellido y como lo que nos dieron no es eterno y se nos podría terminar mañana sin que nos demos cuenta, este es un buen momento para saber cuánto tenemos que disfrutar este momento y para aprovechar a darles las gracias por lo que fueron capaces de darnos.

Y aunque personalizar las cosas siempre puede ser injusto, creo que esta noche es un buen momento para agradecer y homenajear algunas de las personas que han hecho posible que los demás disfrutáramos de momentos como el de hoy.
Uno de ellos , llego en setiembre de 1971, a su primera fiesta en el Centro. Viene de el otro lado de el río pero una parte de su corazón esta aquí. Sabemos que estamos hablando de Evaristo Calvar.

 

No tengo que explicar  que Evaristo, Gerardo Bermúdez junto a Tony, a Elía,s  a Manolete, no solamente han sido el motor de estas reuniones.
Llegaron de Galicia, igual que muchos. Fueron trabajadores que crearon a fuerza de voluntad y sacrificio, lo que hoy se conoce como “ Empresas Familiares” necesitaban estar juntos, conocerse intercambiar opiniones, defender una forma de concebir la laboriosidad.
Han sido motor de los gremios que nos agrupan.
Han sido el motor de la cooperación entre nosotros.
Han sido innovadores siempre que fue necesario, y nos han enseñado a conservar lo que estaría mal perder.
Han sido serios, responsables, firmes si era necesario, flexibles si hacía falta, se han equivocado no más que cualquiera, han sido buenos colegas, padres para los más jóvenes, consejeros comprensivos, y además y por si lo anterior fuera poco, han sido gente amable y divertida con la que da gusto estar.

No sabemos qué va a pasar mañana… Casi con seguridad las cosas seguirán siendo parecidas a hoy… podrían ser mejores… o no.
Pero lo que sí sabemos (lo único seguro) es que sea lo que pase mañana, habremos de afrontarlo con lo que hayamos aprendido antes. Hoy, ayer, hace cinco años. Es decir que el futuro de cada uno de nosotros depende de las enseñanzas que lo que ya no esté sucediendo nos dejó.

Sólo me queda agradecerles nuevamente por eso: no por haber estado en nuestro pasado, sino por haber sido capaces de formar parte de lo que pomposamente podemos llamar porvenir.